Superstición
y ciencia en el siglo XXI
Candy Ávila
Programa
educativo : Administración de Empresas Turísticas
Nivel
: Técnico Superior Universitario.
Etapa
4. Curso propedéutico para el aprendizaje autogestivo en un ambiente virtual. Actividad
1. Lectura y escritura exploratoria
Introducción.
En este ensayo abordaré el
tema de la superstición y trataré de explicar porqué la ciencia no ha logrado
erradicar estas creencias y ritos de la sociedad actual, pues la superstición
existe desde hace mucho tiempo, y aún hasta nuestros días hay ciertas creencias
que la gente sigue y respeta, ya sea por convicción o por tradición. También
hablaré de su reciente nuevo auge entre la población gracias a que la
información es más accesible para todos, a través de los medios de
comunicación, pero muy especialmente del internet, esa herramienta que está tan
al alcance de la gente, y de manera muy especial, los jóvenes.
Desarrollo.
Superstición es el nombre de
las creencias irracionales o injustificadas que tenemos, mismas que usamos para
explicar la razón de ciertos fenómenos y situaciones, y que están fuertemente
arraigadas en nuestra sociedad, gracias a que son “heredadas” de generación en
generación. Sin duda alguna, tú, lector, sabrás acerca de alguna superstición
que aún esté vigente actualmente.
La palabra superstición ha
estado presente desde hace mucho tiempo, incluso los clásicos latinos ya usaban
la palabra “supertitio” o “supertitiosus” para referirse a los adivinos (García
M., García G. y Fernández, 2012). Es increíble como desde esos tiempos, la
superstición tenía una influencia en la sociedad.
Cada cultura tiene sus
propias creencias, mismas que pueden llegar a ser parte de la identidad de un
grupo, pues, como sabrás, no tenemos las mismas creencias que la gente de
China, por ejemplo. Sin embargo, cada sociedad también puede adoptar creencias
de otras, llegando incluso a modificarlas y hacerlas “muy suyas”.
Estas creencias no han
podido ser eliminadas del inconsciente colectivo, a pesar de que en pleno siglo
XXI la base de todo es la ciencia, a través de la cual podemos analizar los
fenómenos y dar una explicación obtenida por medio del estudio y la razón.
Un término muy ligado a la
ciencia es la tecnología. A pesar de que en la actualidad las conductas
supersticiosas deberían estar erradicadas, recientemente han tenido un gran
auge, y esto debido precisamente a la tecnología y su apoyo para la difusión de
la información, para ser más precisos, por el internet.
En este trabajo se podrá
apreciar el contraste entre estos términos, pero más que contraponerlos,
pretendo mostrar como coexisten en nuestra sociedad a pesar del paso del tiempo
y del cambio de mentalidad de la gente, pues incluso las personas más
supersticiosas saben la razón científica de sus creencias, pero siguen creyendo
en ello.
Superstición y ciencia en el
siglo XXI
La superstición es aquel
pensamiento mágico, que nace de la percepción de impotencia del ser humano ante
fenómenos naturales que no puede dominar, por lo que lo explican a través de
“poderes mágicos” (Marietán, 1994, como se citó en Spinoso, 2009). Es una
creencia sin razón ni fundamentos, es un temor o respeto a algo que no se
conoce, que es imaginario (García M., García G. y Fernández, 2012), se
contrapone a la religión o la razón, sin embargo están fuertemente arraigados
en la sociedad (Arroyo, 2006). Se basa en el temor a lo desconocido y la
creencia en fuerzas supranormales. Incluye los llamados fenómenos paranormales
(ocultismo, espiritismo, etc.), pseudociencias (quiromancia, cartomancia,
etc.), creencia en el destino, ritos mágicos y amuletos, entre otros. También
incluye los ritos de creación propia, conocidos como “superstición privada”
(García M., García G. y Fernández, 2012).
Otra razón de la existencia
de la superstición nos la da Skinner (1948) a través del condicionamiento
operante. Para él, la superstición nace cuando se relaciona un suceso con una
consecuencia fortuita, que raramente volverá a pasar, pero aún con sólo una vez
que se dé este fenómeno basta para estar condicionados para responder de
determinada manera a la misma acción que fue consecuencia de otra. En algunos
casos, no necesariamente tiene que darse una consecuencia, basta con que un
factor externo suceda sincrónicamente con la acción para crear la “ilusión” de
que están relacionados, aunque no siempre sea así (García M., García G. y
Fernández, 2012, p. 8).
La superstición tiene una
fuerte relación con las tradiciones y costumbres. Como mencioné anteriormente,
no es necesario que se repita muchas veces un fenómeno con su consecuencia para
asociarlos, pero aún así puede ser tomado como cierto y pasarse de generación
en generación, entonces la gente seguirá creyendo en esa conducta aunque nunca
la haya comprobado (Irwin, 1993, como se citó en García M., García G. y
Fernández, 2012, p. 7). Así sucede, por ejemplo, con la superstición de que el
viernes 13 es de mala suerte. Nos llegó a través de otras personas, pero no
sabemos a ciencia cierta cuál es su origen. Quizás alguna persona tuvo un mal
día en un viernes 13 de algún año y por ello se generalizó esta creencia, no
necesariamente cada uno de nosotros ha comprobado esta creencia ¿No?
En la actualidad, muy pocas
personas aceptarían que son supersticiosas. Las que tengan estas creencias,
generalmente tratarán de ocultarlas con disfraces como “sabiduría oriental”,
“tradiciones”, “ciencias ocultas”, etcétera (Torres y Zamora, 1997, p. 27).
Esto es debido a que, como mencioné en las definiciones anteriores, la
superstición es considerada como una “creencia irracional”, y como en la
actualidad se supone que ya somos “civilizados” y estamos inmersos en un mar de
información, ser considerados “irracionales” se toma como una gran ofensa.
Entonces la gente opta por llamarle de otras maneras, aunque la base es la
misma: la superstición. Aunque sea bastante criticada en la actualidad, lo
cierto es que cuenta con muchos adeptos que, aunque no lo reconozcan, tienen
una gran fe en la superstición, muy a pesar de tener nociones científicas.
Un factor de vital
importancia al creer en la superstición es la profecía autocumplida (Torres y
Zamora, 1997, p. 28). Explicaré con un ejemplo: una persona cree firmemente en
que el viernes 13 es de mala suerte, entonces ese día estaría asustado y con
una gran ansiedad, lo que acrecentaría sus probabilidades de que sufra un
accidente. Otro ejemplo es que un sujeto compra un amuleto de “buena suerte”
antes de ir a buscar trabajo, y al ir a su entrevista para el puesto siente una
gran seguridad y tranquilidad gracias a su adquisición, por lo que se
desenvolverá mejor en la entrevista y tendrá probabilidades más altas de
conseguir el empleo. Esto quiere decir que no necesariamente es que las
creencias resulten ciertas, si no que nuestra actitud frente a ellas puede
tener un papel determinante.
Quizás una de las causas de
la propagación de la superstición en el mundo es precisamente el desinterés
científico. Siempre se habla de que la ciencia es la que tiene la responsabilidad
de eliminar a la superstición del inconsciente colectivo, pero precisamente una
de las razones más grandes de la prevalencia de las conductas supersticiosas es
que los científicos están muy poco interesados en estas. A los astrónomos no
les importa lo que hacen los astrólogos, a los médicos no les interesa la
medicina homeopática, y así por el estilo. Entonces, al no atacar directamente
a las creencias sin fundamento, estas tienen el campo libre para atacar las
mentes de las personas. Los científicos no tienen interés en desmentir las
creencias y pseudociencias propias de la superstición. Mientras los científicos
sigan sin dar tomar cartas en el asunto de la superstición, esta seguirá siendo
popular (Armentia, 2002, p. 10).
Quizás para lograr un correcto
balance entre ser supersticioso o tener un pensamiento netamente científico, es
necesario ser un poco escéptico. Pero escéptico no en el sentido de no creer
absolutamente en nada que no parezca razonable, sino que buscando pruebas que
corroboren las creencias, denominado escepticismo científico. Además, los
escépticos científicos abogan por la divulgación de la ciencia, algo que sin
duda haría comprender a la sociedad el papel de la ciencia y les haría tomar
una postura más crítica (Armentia, 2002, pp. 10-12). Con el escepticismo
científico, cada vez más gente buscaría verdaderas razones antes de comprar ese
amuleto que vieron anunciado en su periódico preferido, pensarían muy bien
antes de decidir caminar más solo por evitar pasar debajo de una escalera o se
preguntarían porqué ese miedo al gato negro del vecino. La gente sería más
consciente de sus creencias y podría controlarlas. Es necesario el escepticismo
científico en nuestros días.
Ahora que ya he dado el
marco de referencia acerca de la superstición y la ciencia, hablaré acerca de
la fusión de estos dos a través de la tecnología (para ser precisa, en
internet), pues como verán, la superstición está ahora más vigente que nunca
gracias al boom del internet. Irónicamente, el internet es considerado uno de
los mayores logros de la ciencia, pero ahora no está ayudando lo suficiente al
campo intelectual, pues cada vez hay más información supersticiosa en la red.
Para empezar, cabe mencionar
que el internet es más que una herramienta tecnológica consistente en una red
de ordenadores interconectados que intercambian paquetes de información: es un
constructo social. Y además, debido a su rapidez, el anonimato que se puede
adquirir y su bajo costo, es una herramienta muy poderosa para dispersar
información a nivel mundial, y por tanto, un arma para que la superstición
pueda cobrar un nuevo auge. En internet se puede encontrar desde mensajes
supersticiosos, leyendas urbanas, páginas de rituales “mágicos” y de sectas,
hasta nuevas supersticiones relacionadas con el mismo internet e incluso
creencias de que internet puede ser Dios. Todas estas creencias forman parte
del netlore (net de internet, y lore de folclore) que es la nueva cultura que
se ha venido creando.
Uno de los ejemplos de
superstición que llega hasta nosotros gracias al internet son los mails
denominados “cadenas de suerte”. Son correo basura (spam). Estos mails traen un
mensaje y piden que se reenvíen, porque de lo contrario ocasionarán mala suerte
y desgracias. Estos mensajes a veces despiertan el sentido altruista y
solidario de las víctimas y las mezclan con el miedo. Estos mensajes casi
siempre son del tipo “ayuda a un niño enfermo, por cada vez que se reenvíe el
mail, le donarán 1 dólar” o “si no reenvías este mensaje, el psicópata que asesinó
a estas personas irá por ti”, y así por el estilo, y generalmente son
acompañados de fotos claramente truqueadas.
También gracias a internet
es posible hallar nuevas leyendas urbanas, que usan los miedos más recientes de
la sociedad. Algunas usan historias antiguas, solo que modificándolas para que
sean adecuadas al contexto actual. Por ejemplo, antes existía la leyenda urbana
del sujeto que ponía droga en las bebidas de las mujeres para luego violarlas,
pero ahora ha sido modificada: el inicio es el mismo, solo que ahora las droga
para robarles los órganos. Esto se debe a que ahora los trasplantes de órganos
son una posibilidad real, entonces esto atemoriza más a la sociedad que una
violación, debido a la revolución sexual y el aborto.
También existen nuevas
religiones dadas en el internet, con sus respectivos ritos y cultos. Un rito
muy curioso de los tecnopaganos es uno que involucra tocar la pantalla de la
computadora e incluso agarrar el silicio o los cables. (Arroyo, 2006, pp. 3-8)
Como se puede observar, el
internet en vez de erradicar la superstición, le ha dado un giro inesperado,
pues le ha dado una gran fortaleza y un nuevo auge en la sociedad actual, que
está tan desesperada y sedienta de respuestas, aún inmersa en tanta
información.
Conclusión.
Sin duda, la superstición y
la ciencia coexisten en la sociedad contemporánea, en gran parte gracias al
internet y su rapidez, bajo costo y el anonimato que proporciona. La
superstición no es cosa del pasado, por el contrario, ahora florece con más
fuerza a pesar de tanto adelanto científico, sin que se haga nada al respecto y
pasando desapercibido ante la vista de todos.
Sin embargo, estimado
lector, aún me parece increíble cómo es que la gente, aún siendo apta y
capacitada para manejar fácilmente una herramienta tan compleja como el
internet, no note que está siendo engañado con información tergiversada y fotos
notoriamente alteradas. A pesar de que ahora tenemos tanta información y tantas
facilidades para acceder a ella, aún no podemos discriminar acerca de cuál es
verídica, especialmente los jóvenes, quienes pasan horas ante la computadora en
las redes sociales. Estos, al ver una imagen o un comentario con una leyenda
supersticiosa, enseguida la comparten a sus compañeros, sin investigar primero
si es verdad o no lo que están difundiendo, y así confunden a más y más personas.
Es necesario tomar cartas en
el asunto y empezar a ser escépticos científicos, a no dejarnos engañar, a
reclutar pruebas antes de tomar como cierto cualquier información, solo así se
podrá llegar a un verdadero conocimiento.
Incluso cualquier persona
puede aportar su granito de arena en esta labor, porque no solo los científicos
pueden sacar a relucir la verdad, si usted tiene pruebas o puede demostrar que
una superstición es errónea y sin fundamento, puede compartir esa información
con los demás, hay muchas revistas científicas y de divulgación que podrían
servir para ese fin, o bien, pueden difundir esta información a través de las
nuevas tecnologías, como las redes sociales. Hoy día, la mayoría de las
personas tienen una cuenta de Facebook o Twitter, o ambas, y si la información
se difundiera por este medio, llegaría a mucha gente, compartiéndose una y otra
vez.
Referencias
Armentia, J. (2002). Ciencia
vs pseudociencias. Mediatika (8)
Arroyo, S. (2006). Magia y
superstición en la era de internet. Culturas populares 2(2).
García, H., García, N. y
Fernández, A. (2012). Medición de la superstición y su relación con su locus de
control. Revista de Investigación y Divulgación en Psicología y Logopedia 2(1).
Spinoso, R. (2009).
Pensamiento religioso y poder: brujería, hechicería y superstición femenina en
Xalapa. Siglos XVII Y XVIII. Género 9(2).
Torres, M. y Zamora, A.
(1997) Creencias supersticiosas. Tesis para obtener el título de Licenciado en
Psicología. Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa.
¿Por qué has elegido ese
tema? Y describe, ¿de dónde partiste para empezar a escribir?
Me pareció un tema
interesante y me basé en el poco conocimiento que poseo de ese tema para
investigar e indagar más sobre él.
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